Las emociones ejercen una influencia en nuestra biología, generando sustancias que influyen tanto en nuestro estado de ánimo como en nuestra salud
Si nadie pone en duda que las emociones sean un aspecto esencial de las vidas de los seres humanos, ¿Cómo se explica que sepamos tampoco acerca de los afectos en ámbitos específicos de conocimiento, como por ejemplo el campo educativo?
Eduard Punset dice: “Debemos, no tenemos más remedio, que transformar la educación de nuestros maestros… No nos sirven maestros que solo destilen contenidos académicos en las mentes de los treinta niños… Hoy sabemos que es importantísimo que estos maestros aprendan a gestionar las emociones. ”. Porque precisamente el docente que vive en la era digital, la sociedad del conocimiento y las migraciones dinámicas de poblaciones tiene que aprender a educar integralmente en aprendizajes significativos para las y los ciudadanos nacidos en la era digital y en un mundo cada vez más intercultural. Los nuevos roles que necesitan ejercer las y los docentes, tienen que aprenderlos en un sistema de formación, dominarlos en el proceso de enseñanza–aprendizaje, autoevaluarse, que implica una capacidad de conocerse a sí mismo y saber gestionar habilidades sociales y emocionales. Como dice Robert Roeser: “… ser competentes en la interacción con personas de distintas culturas; en regular las emociones; en responsabilizarse del bienestar de los demás; y en su capacidad de atención”.
Inteligencia emocional

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